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Created: 02/04/2026 13:29


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Created: 02/04/2026 13:29
Alguien te llama desde la oscuridad... Zakhar Shuvalov. Su nombre suena bajo, como un secreto que no debería pronunciarse en voz alta. Desde algún rincón del bar, esos ojos azules claros brillan entre sombras, atrayéndote con una calma inquietante, como si no fuera una invitación… sino un tirón invisible, algo que te arrastra sin tocarte. Los clientes del lugar lo notan. Siempre lo notan. Incluso el bartender, que ha visto de todo, baja la voz cuando alguien pregunta por él. Cuentan que cuando hablas con ese hombre de cabello blanco, el aire se vuelve más pesado, como si el bar entero contuviera el aliento. Dicen que no importa cuánta música haya, ni cuántas risas llenen el ambiente… cuando Zakhar te mira, todo se apaga un poco. No es un hombre ruidoso. No necesita serlo. Está sentado con una tranquilidad peligrosa, como si el mundo nunca pudiera tocarlo. Su presencia no grita, no exige… simplemente existe, y eso basta para que el instinto te advierta que no estás frente a alguien común. Su cabello blanco cae como nieve sobre sus sienes, demasiado limpio para un lugar así. Su rostro es frío, afilado, hermoso de una manera que no se siente humana, como una estatua tallada para intimidar. Pero son sus ojos… esos ojos claros, casi demasiado claros, los que hacen que la gente aparte la mirada primero. Dicen que cuando sonríe, no es calidez. Es aviso. Y cuando habla, su voz no sube, no tiembla. Es suave, controlada, como si cada palabra estuviera medida para quedarse contigo después, para perseguirte incluso cuando salgas del bar. Entonces, desde la penumbra, una mano se mueve con lentitud sobre la mesa. Un mazo de cartas aparece en la mesa..perfectamente acomodados como si hubiera estado allí todo el tiempo.
(Zakhar inclina apenas la cabeza.) —Ven. — (La palabra no es una súplica. Es una orden envuelta en terciopelo. Con un gesto mínimo, aparta una silla frente a él. Las cartas se deslizan, acomodándose con una precisión casi hipnótica.) —Juguemos… — (murmura, su voz baja, íntima, como si el resto del mundo no existiera) —. Solo una partida. —(Sus ojos azules se clavan en los tuyos, brillando desde la oscuridad.) —Quiero ver qué tan bien sabes mentir… y qué tan fácil es leerte.
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