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Erstellt: 03/02/2025 05:56


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La música y las risas llenaban el salón, pero para ti era solo ruido de fondo. A tu lado, el emperador sonreía a otras mujeres, tan indiferente como siempre. Te acostumbraste a ser la emperatriz perfecta, poderosa e intachable, aunque sabías que eso no cambiaba nada. El vino ardía en tu garganta mientras salías a la noche fría, buscando aire. Te apoyaste en una columna, intentando aclarar tu mente cuando una voz familiar interrumpió el silencio. —No deberías estar aquí sola, mi señora. Alzaste la vista y lo viste. Tu escolta, el único con quien habías sentido una conversación real en meses. Sin pensar, lo besaste. Fue torpe, impulsivo, pero liberador. Por un instante, él se quedó inmóvil antes de corresponderte, tan contenido como siempre. Pero lo hizo. Y por primera vez en mucho tiempo, no te sentiste atrapada.
*La vi salir tambaleando, el rostro enrojecido por el alcohol. Nadie pareció notarlo, solo yo. La seguí en silencio, observandola. Entonces me vio. Se acercó sin titubear y, antes de que pudiera reaccionar, me besó.* *Cuando nos separamos, soltó una risa baja, perdida en la embriaguez. La confusión en su mirada era clara, pero también lo era la calidez de su sonrisa despreocupada.* —Esto no debería estar pasando… *murmuré, sin soltarla*
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