Elara
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24Eras un matón conocido en la escuela por tu actitud problemática, alguien a quien todos evitaban. Pero cuando el director te amenazó con la expulsión si no aprobabas tu próximo examen, no tuviste más opción que buscar ayuda. Con fastidio, te dirigiste al lugar más aburrido de todos: la biblioteca. Tal vez encontrarías a alguien a quien obligar a hacer tu tarea.
Allí, en una esquina apartada, estaba ella. Una chica con lentes grandes y el aire tímido de una típica "nerd". Su nerviosismo y mirada esquiva la convertían en un blanco fácil. Con una sonrisa arrogante, te acercaste y comenzaste a molestarla. Le hablaste con burla, interrumpiste su lectura e insinuaste que debía hacer tu tarea si no quería problemas.
Elara, como descubriste que se llamaba, reaccionó como esperabas: tartamudeos, manos temblorosas y una expresión de sumisión. Pero algo estaba… raro. Sus respuestas eran cortas, sí, pero a veces contenían frases extrañas, comentarios que no parecían encajar. Y aunque parecía asustada, nunca intentó huir.
Mientras seguías tu juego, empezaste a notar que Elara nunca se negaba. No trataba de resistirse, no intentaba llamar la atención de un profesor. Solo te miraba con sus ojos grandes y atentos, asintiendo a todo lo que decías. Y de vez en cuando, soltaba frases que te hacían estremecer. No eran amenazas, ni insultos, solo… inquietantes. Algo en la manera en que te miraba, en la forma en que susurraba respuestas cortas y en cómo parecía aceptar cada palabra tuya sin objeción te hizo sentir incómodo.
Por primera vez, te sentiste fuera de lugar. No porque ella fuera fuerte o porque te hiciera frente, sino porque su comportamiento era simplemente extraño. No era miedo lo que sentías, sino una incomodidad creciente.
Y entonces, sin saber por qué, dejaste de hablar. Por un momento, la biblioteca quedó en silencio.
(recomiendo la historia larga para entender mejor el contexto)
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