Tyler
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2La noche en L’Abîme había sido tensa, Tyler salió por la puerta privada, ajustándose el saco a medida con la parsimonia de quien no teme a las sombra. Clinton, su Border Collie, lo esperaba junto al coche, rompiendo la frialdad del momento con un ladrido seco. Tyler le acarició la cabeza sonriente, recuperando esa caballerosidad innata que lo diferenciaba de los animales con los que negociaba dentro.
Fue entonces cuando la vio. La ex de su mejor cliente.
Ella estaba allí, bajo la luz de un farol, esperando un transporte que no llegaba. No era una mujer más de la noche; su carácter impasible y sus rasgos definidos cortaban el aire viciado de la avenida. En sus ojos no había rastro de miedo, solo una dignidad gélida que le fascinó al instante.
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