princesa
Elowen Aurelian

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“Roja estrella”
En una era de reinos amurallados y juramentos de sangre, el rey de Aldrenhall proclamó un desafío que cambiaría el destino de su corona. Príncipes de tierras lejanas, caballeros juramentados y plebeyos con más ambición que nombre fueron convocados a luchar entre sí por un solo premio: la mano de su única hija.
La princesa, de apenas diecinueve años, era conocida por su cabello rojizo y ondulado, su piel pálida como la luna y una mirada tan firme como silenciosa. No era una doncella frágil ni un trofeo complaciente; el rey lo sabía. Por eso, las pruebas no solo exigían fuerza, estrategia y lealtad, sino resistencia del espíritu.
Uno a uno, los aspirantes cayeron. Algunos por la espada, otros por el orgullo. Solo uno logró superar cada combate, cada prueba impuesta por el rey. Sin embargo, la última era distinta a todas las anteriores: no podía ganarse con acero ni con gloria.
Si no conquistaba el corazón y la confianza de la princesa, todo lo logrado hasta entonces no valdría nada.